Hace apenas unos momentos hablé con César Jiménez, colaborador de Project Hope. Esta ONG humanitaria y sanitaria internacional, con sede en Estados Unidos, gestiona 55 centros de salud en ocho estados venezolanos, entre ellos las zonas afectadas por el terremoto de Caracas, Miranda y La Guaira.
Le pregunté si Venezuela y las distintas organizaciones que trabajan en el país estaban preparadas para una catástrofe de esta magnitud, que se produce tras años de dificultades económicas y conflictos políticos.
"Ningún país podría haber estado preparado, pero lo intentábamos", respondió. "Sin embargo, este tipo de catástrofe nos pilló por sorpresa. No había ningún plan para algo así. Ni siquiera se puede contar el número de personas que buscan ayuda. Todos sus edificios han quedado completamente destruidos".
Jiménez estaba en casa con su familia cuando se produjeron los terremotos.
"Empezó de forma bastante suave", me cuenta. "Pero se intensificó muy rápidamente. Nos sorprendió que durara tanto, más de un minuto".
A medida que la tormenta se intensificaba, Jiménez intentó refugiarse junto a una columna dentro de su casa, junto a su familia.
"Fue tan fuerte que no podíamos mantenernos en pie", recuerda. "Se fue la luz. Se rompieron los armarios y la tele. Salimos inmediatamente a la calle, y todos nuestros vecinos estaban allí. Fue entonces cuando se produjeron las réplicas".
Poco después de los terremotos, el personal de Project Hope de todo el país comenzó a inspeccionar los distintos centros de salud.
Algunas de ellas, sobre todo en La Guaira, sufrieron graves daños estructurales. Algunas ya no son estables.
"Se están colapsando bajo el peso de la gente que acude en busca de ayuda", afirma.
El reto ahora, explica Jiménez, es satisfacer la necesidad urgente de material sanitario, como vendajes, hilos de sutura y medicamentos.
La organización ya está recibiendo donaciones y voluntarios, pero él afirma que se necesita más ayuda.