Cuando la Tierra sacudió Venezuela, el miércoles 24 de junio a las 6:04 de la tarde, mi hermana alcanzó a enviarme un audio de WhatsApp para avisarme que estaba con mamá en su casa en Caracas.
Aunque las llamé de inmediato varias veces, nadie respondía. Amigos y familiares en otros chats decían que las líneas telefónicas e internet estaban caídos, algunos incluso habían perdido la electricidad.
Los que tenían conexión usaban adjetivos contundentes para describir la sacudida: “Arrechísimo, jodido, terrible”... Aquellas palabras también servían para reaccionar ante los videos que empezaban a circular.
Desorientados por la ausencia y la distancia, los venezolanos en el exterior, casi 8 millones que abandonaron el país en la última década, preguntábamos por WhatsApp: “¿Has hablado con tu familia?", "¿Me puedes ayudar a encontrar a mi mamá?”.
A medida que se asentaba el polvo sobre los escombros, comenzamos a ver la escala del desastre: decenas de edificios caídos en Caracas y La Guaira, voces que pedían auxilio debajo de las ruinas, familias enteras desaparecidas.
Este viernes, antes de que se cumplan 48 horas del "doblete sísmico", hay 589 muertos y unos 3.000 heridos, aunque abundan las imágenes de personas en las calles, rendidas ante la tragedia de saber a sus familiares tapiados sin recibir ayuda para mover las placas que los aplastan.
A la pregunta de cómo estamos, los venezolanos respondemos: “Bien”.
Bien si nuestros familiares están vivos, aunque estén lesionados, hayan perdido sus mascotas, sus casas y todas sus pertenencias.
Bien si no estamos esperando que los rescatistas encuentren a un pariente que vivía en una casa derrumbada.
Bien porque mi hermana envió otro audio para avisarme que ella y mi madre habían logrado salir del edificio después de que su apartamento se quebrara.
Bien al recibir mensajes de solidaridad de amigos y conocidos de Argentina, Colombia, Centroamérica, Europa, Estados Unidos, México, Uruguay, e incluso Australia.
“Sólo agradecemos estar vivos”, me dijo una amiga esta mañana. “Agradeciendo que somos de los que podemos ayudar y no de los que necesitan ayuda”.