Qué tiene Chapinero Alto en Bogotá para que lo hayan elegido como el barrio más cool de América Latina

Juan Manuel Ortiz, desde la entrada de su restaurante Salvo Patria en Chapinero Alto.
Pie de foto, Juan Manuel Ortiz, como otros establecimientos del barrio, ha apostado por una cocina que ponga en valor el producto colombiano.
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A Juan Manuel Ortiz lo llamaron loco cuando abrió su negocio en Chapinero Alto.

"Entonces era un barrio bogotano residencial, sin casi restaurantes. Para mí ya era cool, pero para muchos otros no", le dice Ortiz a BBC Mundo desde su restaurante Salvo Patria.

Este establecimiento abierto hace 15 años es un referente gastronómico de la capital colombiana y de Chapinero Alto, elegido por la revista Time Out como el barrio más cool de América Latina y uno de los 10 más cool del mundo en 2026.

"Es un barrio residencial con un aire pueblerino relajado, con una vibrante escena culinaria y creativa. Es hogar de la mayor comunidad homosexual en Bogotá y una masa joven de artistas locales, expatriados, nómadas digitales y estudiantes", escribió Time Out.

La nominación deja sentimientos encontrados en Ortiz y Tatiana Castillo, una artista que reside aquí desde hace una década.

Valoran que supondrá más atención para la zona y que podría ser positivo para sus negocios y la comunidad, pero no ocultan sus temores.

"Por una parte es un reconocimiento bonito, pero por otro preocupa que esto se convierta en una zona gentrificada con precios excluyentes", reflexiona Castillo desde su taller.

"Ya aquí han subido algunos precios, afectando a muchos vecinos", coinciden Castillo y Ortiz.

"Si hay una cosa bonita del barrio, es que han sido los propios bogotanos y residentes los que han hecho de él lo que es hoy", dicen ambos emprendedores.

Tatiana Castillo desde su taller en Chapinero Alto.
Pie de foto, La artista Tatiana Castillo lleva 10 años viviendo en el barrio. Aquí también es parte de una pujante escena creativa.

El ímpetu de Bogotá y Chapinero Alto

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Colombia se descubre ante el mundo a un ritmo acelerado desde que en 2016 el Estado y las Farc, la mayor guerrilla del país, firmaron un acuerdo de paz que puso fin a casi seis décadas de conflicto.

Desde entonces, el número de turistas bate récords y Bogotá, históricamente encasillada como gris, lluviosa y caótica, atrae cada vez más atención.

Pese a que la inversión foránea ha experimentado altibajos en los últimos años, la capital colombiana fue la tercera ciudad con mayor cantidad de proyectos de inversión extranjera en América Latina, solo por detrás de São Paulo y Ciudad de México, de acuerdo a un informe de Invest in Bogotá y la Secretaría de Desarrollo Económico.

A esto se une la eclosión de emprendimientos locales en barrios de clase media y media alta como Chapinero Alto, del que Castillo y Ortiz han sido testigos y a los que el mundo tampoco les pierde ojo.

El restaurante El Chato, fundado en 2017, fue considerado como el mejor de América Latina por la lista 50 Best en 2025.

En el ránking y de la capital aparecen también Leo, Humo Negro y Oda. Los dos primeros también se sitúan en Chapinero Alto, a pocos metros de distancia.

Es difícil caminar por las calles del barrio y no quedar seducido.

La zona ofrece pintorescas cuestas empinadas a los pies de las montañas y una mezcla arquitectónica con quintas tradicionales, viviendas unifamiliares setenteras, edificios en ladrillo y hasta caprichosas casas de estilo inglés.

Casas de estilo inglés en Chapinero Alto, Bogotá.
Pie de foto, En Chapinero Alto convive una mezcla ecléctica y atractiva de arquitecturas.

Cafés de especialidad, bares, tiendas gourmet y librerías, además de los restaurantes, dominan los locales, aunque también persisten negocios tradicionales como fruterías, almorzaderos y tienditas.

"Cuando me mudé, me gustó que había propuestas de poner en valor productos nacionales. Pasó de ser un barrio muy residencial a tener comercios de vecinos, gente creativa de Bogotá creando proyectos diferentes", cuenta Castillo.

"Tengo todo cerca, quizá nos falten buenos parques, pero todo es caminable. Toda la cultura gastronómica es rica. Aquí vivo y trabajo y conozco a los otros emprendedores. Eso hace que se sienta como en casa", añade la artista.

A pocos metros del taller de Castillo, en Salvo Patria, Ortiz añade el valor arquitectónico del barrio.

"Parte de lo que me gusta es que muchos emprendedores también hemos hecho un esfuerzo por integrarnos en casas de patrimonio y conservarlas, para que mantenga su estética", cuenta.

Sin embargo, advierte que eso ha empezado a cambiar tras la llegada de inversores extranjeros y no locales. Ahora le preocupa que llegue más gentrificación y que ese cambio se acelere.

Calle en cuesta en Chapinero Alto.
Pie de foto, Varias viviendas unifamiliares persisten en calles mientras aumentan los edificios de múltiples plantas.

La paradoja de la gentrificación

Es difícil ignorar el debate de la gentrificación en las grandes ciudades.

Quienes la defienden destacan que dinamiza economías y barrios; quienes la critican alertan sobre el encarecimiento de la vida y la ruptura de tejidos comunitarios.

Lo paradójico es que estos mismos espacios cuyos habitantes quieren proteger nacieron, en gran parte, de procesos similares.

A comienzos del siglo XX, el distrito de Chapinero era la periferia norte de la ciudad. Todavía sobreviven algunas de las antiguas fincas y haciendas de clases acomodadas que aquí se erigían.

"La urbanización de Chapinero se aceleró después con el bogotazo, unos graves disturbios en 1948 que provocaron que muchos habitantes se fueran del centro", cuenta el urbanista Gerardo Ardila, de la Universidad Nacional de Colombia.

"Luego se consolidó en los 60, cuando poblaciones vulnerables ocuparon los pies de los cerros y, sin proponérselo, acabaron en localizaciones privilegiadas, céntricas", añade María Cecilia Benavides, una arquitecta bogotana que centró su tesis en la gentrificación.

Quintas en una calle de Chapinero Alto, Bogotá.
Pie de foto, En Chapinero Alto todavía sobreviven grandes quintas.

Hoy Chapinero acoge algunos de los barrios más exclusivos de Colombia, como El Nogal, Rosales o Chicó, así como varias zonas céntricas, comerciales y residenciales que, como Chapinero Alto, comenzaron con una identidad popular y ahora son objetivo de promotores inmobiliarios e inversionistas.

"Bogotá, con entre 10 y 11 millones de habitantes, un transporte insuficiente y una infraestructura rezagada, hace que aumente la presión sobre zonas bien ubicadas y abastecidas de servicios como Chapinero", me cuenta Carlos Torres, otro arquitecto y urbanista de la Universidad Nacional.

"Eso se ha intensificado por la llegada de más turistas tras el acuerdo de paz, el atractivo para quienes ganan en dólares y euros, la oferta gastronómica y cultural y el auge de rentas cortas", añade.

Luis Guillermo Vélez, abogado de la Universidad de los Andes y con un máster en administración de negocios, opina que la gentrificación en Chapinero Alto no ha sido comparable a la experimentada en otras ciudades del mundo.

"Creo que el debate es complicado, muchas veces importado de forma artificial de contextos como Madrid, Barcelona o ciudades de EE.UU.", dice Vélez.

"La crítica clásica dice que la llegada de nuevos negocios y residentes eleva los precios y termina expulsando a quienes vivían allí, pero en Chapinero Alto muchos propietarios se han beneficiado", añade el también ex secretario general de la Presidencia de Juan Manuel Santos (2010-2018).

Vélez, si bien vigila los efectos negativos de la gentrificación, todavía no observa un desplazamiento masivo del barrio ni la desaparición del comercio tradicional.

Además, cree que Bogotá está mejorando de forma orgánica, con pequeños negocios, familias jóvenes y transformaciones graduales.

Edificio de ladrillo en Chapinero Alto, Bogotá.
Pie de foto, Edificios de ladrillo, típicos dominantes del paisaje urbano bogotano.

El "chapinerocentrismo"

Me aproximo a los tres años de vivir en Bogotá. Uno de los retos de cubrir esta ciudad inmensa, desigual, segregada y llena de matices es escapar del llamado "chapinerocentrismo".

Es difícil, en el entorno que muchas veces nutre mis trabajos, que ese café, almuerzo o entrevista no ocurra en este distrito que acapara gran parte del poder político y económico de la capital.

No es infrecuente escuchar bogotanos que rara vez salen de aquí, así como tampoco conversar con muchos otros, la mayoría, que jamás pisan este distrito a menos que sea para trabajar, pues los precios quedan fuera de su alcance.

De acuerdo a un informe del Deutsche Bank, el salario promedio en el sector formal en Bogotá ronda el equivalente a unos US$718.

Vista de Bogotá.
Pie de foto, Los entrevistados por BBC Mundo coinciden en las mejoras generales experimentadas por Bogotá en los últimos años.

Según el portal inmobiliario Fincaraiz, la renta de un departamento en Chapinero Alto promedia los 3,7 millones de pesos (US$1.130 al cambio).

La diferencia es más grande mirando los ingresos del sector informal, que representa un tercio de la fuerza laboral de la ciudad y muchas veces no supera el umbral del salario mínimo colombiano de 1,7 millones de pesos (unos US$530).

Vélez tiene claro los beneficios para Bogotá de este tipo de nominaciones cool, pero también reconoce que eso no implica que Chapinero Alto representa toda la ciudad, "así como Brooklyn no representa toda Nueva York".

"Bogotá es una ciudad enorme y compleja, pero también tiene una economía dinámica, una clase media creciente y zonas que han mejorado enormemente en las últimas décadas", dice el abogado.

Ortiz, desde su restaurante, cree que el barrio se merece el reconocimiento y celebra todo lo bueno que puede traer, pero lamenta que Bogotá tiende a saturar sus espacios.

"Si me preguntas, lo cool es subjetivo y ya no estoy tan seguro de si esto es cool o no. Siento que hay muchas cosas cool pasando en Bogotá que quedan por descubrir".

Calle de Chapinero Alto con los cerros orientales al fono.
Pie de foto, Chapinero Alto, un barrio residencial con algunos de los mejores restaurantes de la capital.